Entre que el canal publica y que tú lees, el precio se mueve. A veces poco; a veces se fue.
Se entra al precio que haya en ese momento. Es lo más simple y lo que casi todos quieren: si la señal es buena, lo que importa es estar dentro.
Se coloca una orden esperando al precio de entrada que dijo el canal. Si vuelve, entras exactamente ahí; si no vuelve, no entras.
Puedes ponerle una caducidad en horas para que no se quede una orden colgada tres días.
Si la entrada viene como un rango de precios en vez de un número, decides qué se hace: el mejor extremo, el peor, el medio, una orden por cada uno, o dejar que se adapte a dónde esté el precio ahora.
Este es el ajuste que más discusiones ahorra. Defines una tolerancia, en porcentaje del precio, y lo que se hace al pasarse:
Hay dos frenos más: una distancia máxima a partir de la cual ni siquiera se deja pendiente, y la opción de no entrar si el precio ya pasó el primer objetivo, que viene activada. Si ya se comió el primer objetivo, la señal que te queda no es la que publicó el canal.
Entrar tarde estropea la relación entre lo que arriesgas y lo que puedes ganar. La señal que iba a darte tres veces el riesgo, entrando a mitad de camino te da uno y medio, con el mismo stop.
Si un canal llega sistemáticamente tarde a tu terminal, esto se nota mucho en la sombra antes de que te cueste dinero.
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