Una señal tiene desenlace cuando ya se sabe cómo acabó: llegó al objetivo, llegó al stop, o una mezcla de las dos.
Con las velas reales de tu bróker. Le preguntamos a tu propio terminal qué hizo el precio minuto a minuto desde el momento de la señal, y recorremos ese camino vela a vela.
No usamos un precio de referencia genérico: el oro de tu bróker y el de otro no son exactamente el mismo precio, y el que te importa es el tuyo.
Desde la entrada, en orden, mirando cada vela:
Si una vela toca el stop y el objetivo, no hay forma de saber cuál llegó antes: la vela solo guarda máximo y mínimo, no el orden.
En ese caso manda el stop, y la señal queda marcada como ambigua.
Es deliberado. Preferimos un número que puedas defender a uno que te halague, y tu resultado real —con horquilla y deslizamiento— casi nunca será mejor que el de la sombra.
Salir por el stop-a-entrada no cuenta como fallo: no perdiste.
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